
El Monasterio Jerónimo y Franciscano de Santa María de Guadalupe es, indudablemente, uno de los edificios y monumentos más representativos de Extremadura. Su construcción y estilo responde al concepto de convento-fortaleza tan peculiar y propio de la Edad Media cuando estaba presente aún la conciencia de Cruzada y de lucha contra el infiel en el período de "Reconquista" frente a los musulmanes. Comenzó a construirse en el segundo tercio del siglo XIV bajo el reinado en Castilla y León de Alfonso XI y bajo la procuradoría eclesiástica de Toribio Fernández de Mena, sobre una ampliación de la antigua Iglesia declarada santuario perteneciente, todavía hoy, al Arzobispado primado de Toledo. En ella se encierran elementos góticos y mudéjares especialmente, aunque no falta la presencia renancentista e incluso barroca en el Coro y en el Altar, en serena armonía destancando especialmente su Basílica con amplias cúpulas y bóvedas de crucería "en estrella" sostribadas con esbeltas pero imponentes columnas. En la imagen, tenemos el conocido templete mudéjar en el claustro del Monasterio, ejemplo de belleza artista sincrética al servicio del recogimiento y retiro propiamente religioso


